El pasado 2 de Abril Venevisión estrenó su nueva novela estelar, Torrente, escrita por Benilde Alvarez y Neida Padilla. El estreno fue reseñado por la prensa nacional (El Universal, El Nacional, Ultimas Noticias, El Mundo), la cual destacó la profusión y belleza de los exteriores y la trama central de “vientre en alquiler”.  

Torrente marca un cambio en el estilo de las telenovelas que venía transmitiendo Venevisión. Algunos periodistas lo han calificado de un regreso al estilo rosa (ver por ejemplo El Nacional). Personalmente pienso que no es que estamos frente a un regreso a la telenovela rosa, sino más bien ante una suerte de involución en cuanto al texto (libreto+música incidental) que contrasta con los innegables avances técnicos y de dirección que permiten el extraordinario despliegue de las bellezas naturales que vemos en Torrente:

y la puesta en escena de secuencias como la del accidente de avión donde viaja la protagonista (en la marca 10:30 del primer video y al comienzo del segundo video colocados a continuación):

Para ser específica, cuando hablo de involución del texto no me refiero a la temática que conforma el conflicto central: el vientre en alquiler. Este es un tema actual y controversial  que se presta perfectamente para una telenovela. (El tópico es tan actual que la prestigiosa revista Newsweek le acaba de dedicar un largo e interesante artículo). La involución de la que hablo es en cuanto a: 
  • El dibujo carente de matices de algunos personajes y su correspondiente interpretación, (para muestra ver el villano Cayo Gabaldón, interpretado por Félix Loreto).
  • Los diálogos predecibles que rayan en el cliché.
  • El tenor poco contemporáneo de ciertos parlamentos: “Soy una mujer incompleta que nací con un vientre inútil”, “Las mujeres necesitamos tener hijos, para eso nacimos”, dice la protagonista, Ana Julia. Estos bocadillos construyen a una mujer que a pesar de tener una pareja estable y enamorada, éxito profesional y belleza tiene la autoestima por el suelo porque ésta depende exlusivamente de su capacidad de tener un hijo. Es un retrato desactualizado de la mujer que niega nuestra lucha por ser más que “la madre de…” o “la esposa de…”
  • Los problemas de hilación entre escenas y el manejo de las mini-elipsis de tiempo que traen como consecuencia un ritmo irregular en el paso del tiempo. A veces el tiempo transcurre con la velocidad promedio que vemos en telenovelas–diálogos y escenas que nos permiten conocer a los personajes y sus conflictos–y a veces la velocidad es inexplicablemente vertiginosa. Puede ser que sea un problema de edición, pero más bien me parece un problema de diagramación del libreto, que está tratando de ser corregido (sin mucho éxito hasta ahora)  tanto por la dirección como por la edición. 
  • La música incidental, compuesta de acordes exclusivamente dramáticos, típicos de las novelas de otras décadas y utilizados de manera que exageren el melodrama.
Todo esto aunado a la (hasta ahora) ausencia casi total del humor (el único elemento semi-humorístico radica en el tono del personaje Juancho Gabaldón, interpretado por Eduardo Orozco), hacen que yo sienta a Torrente como una involución. Digo ésto último porque el humor es ingrediente fundamental de la cultura e identidad venezolanas. 
A pesar de todo lo dicho aquí, es temprano todavía y la novela tiene múltiples hilos que prometen enredarse de manera interesante. Tendremos que seguir observándola.

Pienso que no es un buen momento para la industria venezolana de telenovelas. Si la transformación forzada de RCTV en Internacional y el cambio de prioridades de la gerencia de Venevisión (mayor prioridad al mercado internacional…o mayor prioridad hacia la percepción del mercado internacional que manejan los distribuidores… y menor importancia al mercado venezolano) van a traer como consecuencia telenovelas cuyo mayor alarde es el aspecto técnico, (como la mayoría de las telenovelas hechas en Miami),  entonces el género habrá perdido uno de sus más importantes avances y una de sus más entrañables cualidades: su capacidad de conectar con el público no sólo a través de la historia de amor, sino también a través de personajes y situaciones bien diseñados a los cuales reconocemos y en los cuales nos reconocemos porque son elementos tanto de nuestros sueños como de nuestras realidades.